miércoles, 25 de junio de 2014

De dónde vienen los niños

Quién me iba a decir a mí que me vería en esta situación, que el guión de mi peli sería tan emocionante. La verdad es que estoy sufriendo mucho, pero me he hecho una confesión a mí misma totalmente liberadora: tampoco me gustaría que fuera de otro modo.

Cierto es que me gustaría saber el final ya porque estoy agotada. Saber que acabará bien o mal con o sin hijos me ayudaría a prepararme en cualquier sentido y vivir el día a día sin tanta angustia. Pero la verdad es que en la vida siempre me ha tocado currarme mucho las cosas, así que ¿por qué iba a ser esto de otra manera? Y, lo que es más, al final de mi vida sé que me gustará repasarla y que pensaré "vaya, qué emocionante ha sido todo", y mira, está muy bien lo plano, es menos cansado, pero también mucho más aburrido. 

Seguimos en el camino, y hemos dado otro paso más. Es tranquilizador comprobar cómo todo se va acoplando dentro de uno y se hace capaz de tomar nuevas decisiones. Desde luego, todo tiene su tiempo. Hace justo 9 meses estuvimos en la reunión informativa obligatoria para la adopción internacional, y salimos devastados. Ya os lo conté aquí. Bueno, pues salimos mal también porque en ese momento quizá aún no queríamos escuchar ciertas cosas. Aún teníamos por delante pasos que dar en RA (reproducción asistida) y debíamos enfocarnos en eso, o así nos sentíamos. Sin embargo, 9 meses después y un aborto a las espaldas ya no somos aquellos ilusos que una vez creyeron que todo era posible. No, uno hace que las cosas sean posibles. Las cosas no vienen porque sí, se buscan y se encuentran, solo que a lo mejor no las hallamos donde creíamos que estaban y es que están en otro lado. Ahora me encuentro en calma ¡por fin! porque sé que si quiero, que si queremos, seremos padres. Eso sí, quizá no de la manera que pensábamos. En este camino vas pasando fases, y cosas que en un principio no estabas dispuesto a aceptar tres peldaños después te parecen fantásticas. Y es que al final lo que quiere uno es tener un hijo, y los hijos nunca se escogen, ni siquiera por el camino biológico. Vienen con pelo rizado, feos, rubios, contestones o bajitos, de la misma manera que si proceden de gametos o embriones donados, o de un orfanato. Ahora ya me puedo contestar la pregunta que da título al blog: los niños vienen del corazón. 

Y si estoy en este estado de buena esperanza sin estar gestando nada, es porque nos llamaron hace un par de semanas del Instituto de la Familia y el Menor para empezar el curso de formación para padres adoptivos, otro requisito para que nos den el certificado de idoneidad. Cuando nos levantamos el sábado a las 7.30 de la mañana para acudir nos dijimos entre legañas "esto es otra prueba". Papá Jones llevaba al parecer varios días nervioso, yo, sin embargo, no tenía muchas ganas porque cuesta aceptar que las cosas son tal cual son, y a veces (para desesperación de mi psicóloga) me digo "si me sigo haciendo tratamientos en algún momento igual cuaja". Pero no queridos, no puede ser. A medida que pasa el tiempo y mi cuerpo hace esfuerzos por recuperarse, la pereza a someterme otra vez al arbitrio de las hormonas es exponencialmente mayor. Sobre todo porque hacer un tratamiento no significa (que nos lo digan a nosotros) tener éxito y, sinceramente, mi corazón no soporta más trastazos.

Bueno, que me alejo del tema. El caso es que nos plantamos en Gran Vía 14 con nuestros respectivos cuadernos y bolis dispuestos a copiar apuntes sobre trámites y demás, y nos encontramos con una sala con sillas en círculo donde se nos pide que nos pongamos un cartelito con nuestro nombre. A mí estas cosas en principio no me gustan, y mira que soy sociable, pero tímida también y prefiero escuchar desde la última fila. Entonces habla Lila Parrondo, de Adoptantis y dice que ahí no vamos a hablar de papeleo. "Pues vaya", me digo, "yo ya voy al psicólogo". Y con cierta pereza y mayor vergüenza afronto el momento en que nos hacen presentarnos uno a uno. Por cómo estamos colocados, le toca a Papá Jones antes que a mí y dice "somos Papá y Mamá Jones..." y Lila le corta y le dice que se presente a sí mismo solo. A mí sin embargo me encantó que nos presentara juntos, porque eso es lo que somos, un pack. Enseguida estábamos la mayoría llorando, ellas y ellos, e iba pasando un paquete de pañuelos por las diferentes sillas. Y de repente nos sentimos súper a gusto, COMPRENDIDOS. Ahora entiendo que las terapias de grupo tiene un primer efecto sobre uno mismo que es vital y que es el sentimiento de pertenencia a un rebaño, que uno no es el único, que hay gente que sabe exactamente por lo que está pasando sin necesidad de que lo explique. Y al tiempo que me sentía tremendamente bien  rodeada de otras mujeres en mi situación, me reconciliaba con el resto de personas. Y es que a no ser que se pase por esto no se sabe lo que es esto. Papá Jones salió encantado, me decía el pobre "yo hablaba y veía a la gente asentir. ¡Me entendían!" Y es que con nuestra familia y amigos tenemos la sensación de que tenemos que estar dando explicaciones de por qué nos sentimos de una manera o de otra, como si estuviéramos siempre defendiéndonos ante consuelos que en realidad no pedimos. 

Salimos tan contentos!  Y lo que es más importante sintonizados el uno con el otro otra vez. Y salimos contentos porque había otra salida al machaque físico y psicológico de la RA, había un camino al final del cual habría un niño, SEGURO, ya sea más tarde o más temprano, ya sea con más o menos edad, ya sea con más o menos dificultad, pero lo hay. Y necesitaba esa paz en mi interior para continuar. Ahora tengo que hacer otro trabajo, ojo, y es aceptar que no es fácil que nos venga un crío con menos de un año, que lo que peor que he llevado en la RA han sido las esperas y aquí tendremos una bien larga, pero estoy en paz porque veo una salida. Una salida que no veo en la incertidumbre de los tratamientos. Me aterra la posibilidad de quedarme embarazada por obra y milagro de la ciencia y volverlo a perder. Como dice Papá Jones, allí el dinero se nos va en humo, aquí al menos al final acabas con un hijo. 

Es curioso cómo se desarrollan las peripecias en mi historia. Mi amiga Bea leyó un texto en mi boda que empezaba contando la leyenda china de que Un hilo rojo, invisible, conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, a pesar del tiempo, del lugar, a pesar de las circunstancias. Hoy me he topado con un blog sobre adopción con el título "desenredado el hilo rojo :)
Y así me siento. No sé cómo terminará esta historia, pero ahora creo que sí que hay alguien conectado a nosotros en algún lugar. Y ahora puedo decir que, auqneu esté algo exhausta de tanto andar por este sendero tan largo, me empieza a resultar emocionante no saber cuál será el final, qué tipo de familia formaremos.

Esta mañana me ha mandado Papá Jones una imagen que me ha hecho sonreír mucho y quiero compartirla con vosotros.




2 comentarios:

  1. Acabo de encontrarte.
    Leo esto, y me acuerdo de ese momento, y vuelven las lágrimas a mis ojos.
    Gracias por estar ahí.

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    1. Qué va, Inma, gracias a vosotros porque sois lo mejor que nos ha pasado últimamente.

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