miércoles, 31 de diciembre de 2014

A por el 2015

Terminé el 13 esperando y como Penélope sigo el 14, pero entre (des)esperas han pasado tantas cosas que parece mentira que sólo haya sido un año.

He tenido miedo, he tenido fe, he tenido dudas, más dudas, y muchas más. Y he descubierto que es cierto que lo más importante es la salud.

He sabido lo que es tener una Campanilla y también lo que es perder parte de tus entrañas.

He creído, descreído y rabiado. He desayunado envidia casi a diario. Pero un día ajusté las velas y cambié el rumbo, y ahora sigo teniendo miedo, pero disfruto del viaje y mojo las galletas en esperanza. Además, al soltar el catalejo he visto lo que tenía al lado, y me he sentido afortunada por mi familia y mis amigos, que de tanto soñar resulta que iba como zombi en mi día a día. Me he reencontrado con la última fila y he conocido compañeros de fatigas que ya son también imprescindibles.

Empiezo el 15 sabiendo que es verdad sólo uno es el que se moldea la vida, y que a veces llamamos mala suerte a lo que en realidad es empeñarse en tropezar en el pedrusco en vez de rodearlo.

Pueden pasar tantas cosas que lo mejor es abrocharse el cinturón y disfrutar de la montaña rusa. Y eso es lo que os deseo, un año de emociones, de las buenas, claro, pero sobre todo que disfrutéis pase lo que pase porque es lo único que nos vamos a llevar. Ilusiones y cerveza para todos.

Y No me faltéis ninguno.

Felicísimo 2015!

viernes, 26 de diciembre de 2014

Antes de abandonarme, haz una llamada


Muchos quieren adoptarme.

Quizá más información acabaría con macabras noticias como recién nacidos en el congelador o bebés abandonados en una casa de Oviedo.

Este cartel lo veo en el IMMF o IMFM. Seguro que en todas la Comunidades hay un número salvador.


sábado, 20 de diciembre de 2014

Feliz Navidad


Llevo dos semanas experimentando bien aquello del embarazo burocrático. He estado agobiada y sin aburrirme ni un momentito. Nos atascamos en un trámite tonto con el notario y me he llevado varios berrinches porque, entre unas cosas y otras, estamos perdiendo un mes en papeleos. Os lo contaré tranquilamente. Sólo quería explicaros mi ausencia y pasar para desearos unas muy felices fiestas. Yo las afronto con esa mezcla de sentimientos entre lo que se fue, lo que nunca llegó y lo que se espera que venga, así que me auguro sonrisas y lágrimas a partes iguales :)

Como la mayoría, imagino, que estas fechas son un poco así.

Sed felices ahora. Puede que lo mejor siempre esté por venir, pero este momento es lo único que podemos tocar. Así que, por si acaso, vamos a quererlo y achucharlo.

Feliz Navidad



martes, 9 de diciembre de 2014

Baberos personalizados con estarcido

Mi amiga "Tuchi" ha sido mamá. Es una de esas amigas que son casi hermanas, ya que la conozco desde parvulitos y hemos pasado de todo. La verdad que me tiene sensiblona y lloro más de lo normal, porque además la invasión de anuncios tiernos y lacrimógenos con bebés no me lo ponen fácil. Me la imagino en casa jugando a las mamás y pienso cuánto me gustaría a mí hacerlo un ratito.

babero stencil

Le he hecho un babero a su niño con pintura textil y técnica de estarcido, con una frase de Dirty Dancing, la mítica del final en la que el personaje de Patrick Swayze le dice a la chica "no dejaré que nadie te arrincone". En inglés, hay un pequeño juego de palabras, ya que ella se llama "Baby".  Lo vi en Internet y me pareció gracioso y que ella lo pillaría.


babero personalizado

Voy mejorando la técnica, aunque se nota que es el mi tercer babero, pero el primero con esa tela y el pincel que usé. Antes hice otros y el rizo del tejido le iba mejor a la pintura. Al no hacer aguas el dibujo no se emborronaba tanto la letra.

babero estarcido

Este sistema que en inglés se llama stencil, lo aprendí junto a Papá Jones en un taller de Fábrica de texturas este verano. Tuvo lugar en el Palacio de Santa Bárbara, y nos gustó mucho. Yo llevaba un babero, pero no pude más que poner la inicial de la criatura, pues en el taller lo que nos dejaban eran palabras ya hechas.


Pero bueno, me sirvió para aprender que, efectivamente, hay que lavar la prenda antes de pintarla, que queda mejor (una que es muy cagaprisas y es de las de "bah, así vale" os lo confirma); así como la manera de usar los pinceles y la cantidad de pintura y demás.

pintar babero

Papá Jones nos hizo un cuadrito con la palabra que nos marca la vida, y que es "slow", "despacio" en inglés, y no sólo porque vayamos a paso de tortuga en este tema, sino para recordarnos que hay otra manera de vivir, sin prisas, sin agobios. Y, de vez en cuando, está muy bien.



























jueves, 4 de diciembre de 2014

Dentro del cuento




Como intuía, se nos olvidaron todos los males en nuestra escapada. Papá Jones y yo nos lo pasamos muy bien juntos, en los viajes o en casa, así que si además nos pones en medio de un escenario tan bonito, sólo puede ir todavía mejor. 

Alsacia es un cuento. Solamente nos ha dado tiempo a ver Colmar, pero nos ha bastado para confirmarlo.

Aterrizamos en el Euroairport, un aeropuerto en el que según por la puerta que salgas, estarás en Suiza, Francia o Alemania. Nosotros salimos por la Suiza, y en 20 minutos de autobús gratuito por estar alojados en hotel, llegamos a Basilea. 

El vuelo aquí era muuuuucho más barato que a Estrasburgo, capital alsaciana (y de donde realmente vienen las cigüeñas con los niños, recordad). Basel, para los suizos, o Bâle, para los franceses, es una ciudad pequeña que se ve fácilmente en un día, y mejor no estar mucho más, ¡que es todo carísimo!


El ayuntamiento, un edifico rojo que no deja indiferente, nos dedicó una estampa única y de lo más peliculera, con un gran árbol de Navidad iluminado, un violinista tocando piezas maravillosas y una pareja besándose en una escalera.


A Papá Jones le entusiasmó este lugar y quiso dejar un mensaje en el libro de visitas.






El sábado lo pasamos entero en Colmar, a la que se llega en cuarenta y pocos minutos de tren. En un día te da tiempo a verla y disfrutar de sus mercados navideños, combatiendo el frío con el típico vino caliente.




Aquí una representación de nuestro viaje a través de los pocos souvenirs que hemos traído: por la parte Suiza, unos francos, moneda oficial, chocolate (mmm!), y una mini bola de Navidad de la tienda de Johann Wanner, líder del mercado de los adornos navideños de vidrio soplado pintados a mano. Le compran para su árbol la reina de Inglaterra, el Vaticano y Michelle Obama, ahí es na. Yo sólo pude comprarme esa minibola, tal era el precio (las había de 24 francos, 45...), pero bueno, mi abeto de plástico este año tendrá un poquito más de caché. :)



Por la parte francesa, euros, cosas con la cigüeña, claro, y más adornos navideños, que allí ahora es lo más característico. Eso sí que forma de pretzel típico (al estar en medio de todo, te encuentras gastronomía de las tierras con las que linda), de copo de nieve, porque hay una humedad que hace el frío se te meta hasta en el pensamiento, y un ¡globo con Papá Noel! La euforia no es por Santa Claus, sino por el globo. Me encantan los globos, así que cuando vi este adorno para el árbol me tiré en plancha a por él!

Nos iba saliendo todo a pedir de boca, nada en consonancia con nuestra habitual mala suerte, y oye, qué agradable es! Por ejemplo, paseábamos buscando la "Pequeña Venecia" cuando nos topamos con ella justo unos minutos antes de las 5 de la tarde, pudiendo coger sitio para ver al coro de niños. Fue muy tierno, porque no son grandes cantantes ni tocan muy bien los instrumentos, incluso a uno le hicieron repetir, pero eso era lo simpático, que se trataba de los niños del pueblín muertos de la vergüenza. Otra estampa preciosa. 

Y mirases donde mirases, cigüeñas. Nos hemos reconciliado con ellas, y hasta nos hemos traído alguna para "Bienve", no en vano al sentirnos caminando por un lugar de cuento, me vino a la cabeza una de las máximas de la escritura de guiones: no le pongas las cosas fáciles a tu héroe. 




Es gracioso que yo que aspiro a escribir un peliculón, me cueste tanto aceptar las peripecias a las que se ven sometidas los personajes. Muchas noches, viendo series con Papá Jones, sufro porque vivo un momento en el que me gustaría ver cosas fáciles, donde todo son besos y felicidad, y claro, él, con muy bien criterio, me dice desesperado "¡pero si no hay problemas, no hay serie!" Yo refunfuño porque aunque sé que al final me aburriría ver una historia plana, a veces las secuencias de felicidad duran muy poco. 

La cuestión es que me he reconciliado con las cigüeñas, aunque a mí no me hayan traído nada, y con mi cuento, y es que ahora estamos en un pasaje de aventuras, totalmente necesario para que el relato avance. Así que, vivamos las peripecias que nos toquen sin olvidarnos de que somos los héroes de nuestra historia. 

Y lo mismo vosotros.

Haceos un jueves único que, por cierto, lo es.